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Del papel a la pantalla no todo es sacrificio

Campaña de publicidad de un museo del libro en Brasil ""- Vía sebo museu do livro

“La película no está mal, pero el libro es mejor”. Yo me confieso: he pecado. He dicho esta frase infinidad de veces para creerme intelectual sólo por haber leído antes el libro que haber visto su adaptación a la gran pantalla. Sin embargo, nunca he sabido por qué la decía. Supongo que por herencia cultural, siempre hemos escuchado que el libro es más rico, que la película pierde el detalle que te dan las largas descripciones de los libros, que si lo personajes no están tan bien desarrollados… Y bueno, esto puede ser cierto para ciertas películas. Sin embargo, esas frases ya son lugares comunes, se usan para cualquier tipo de película y de libro. ¿Por qué se dice siempre? ¿Qué hace que las películas sean peores que los libros en realidad? Y lo que es más importante, ¿se puede comparar de verdad un libro a una película?

La literatura y el cine son primas hermanas y, como es evidente, tienen mucho en común. La palabra escrita tiene relación con la imagen y el sonido desde el arte dramático griego, y aunque había unas diferencias entre los textos que estaban escritos para ser representados y los que no, era algo parecido a lo que ahora es un guion de película. Es cierto que leer un guion a secas no tiene mucho sentido, pero como lo tenía por aquel entonces leerse una obra de teatro: el teatro se veía y escuchaba, no estaba hecho para ser leído (en general). El caso es que se basan en la palabra escrita y tienen la misma finalidad: contar una historia, transmitir emociones, hacerte partícipe de lo que ocurre.

Por tanto, la palabra escrita es la base de todo guión, de toda película; el cine y la literatura tienen ese común denominador que apunta a lo mismo, a transmitir (porque vale que las recetas de cocina también son escritas, pero no tienen la misma finalidad, por mucho te eches a llorar de lo buenas que están las lentejas). Al final, es “hacer literatura con otro formato”. Pero también, con el auge del cine, el lenguaje cinematográfico ha influenciado la manera de escribir de las novelas y relatos. Tengo una amiga que ha empezado este semestre con clases de guion. Esta chica ha escrito relatos desde siempre, con una prosa muy definida por sus gustos literarios. Ha sido tener apenas dos meses de clases de guión y transformar por completo su forma de escribir. E incluso sin tener clases de ningún tipo, muchos de los autores contemporáneos se ven influenciados por el cine en su manera de escribir.

Por ejemplo, El código Da Vinci, de Dan Brown. Este es un libro que tiene su respectiva adaptación cinematográfica, y es que le viene como anillo al dedo. Las escenas descritas en el libro son como escenas de películas. El cine de “blockbuster” y para un público no cinéfilo, suele ser muy frenético, con escenas de muy poca duración, cortes a tutiplén y multitud de diálogos, incluso algunos que no aportan nada. Esto responde a circunstancias sociales y demás, pero lo que nos interesa es cómo influye en la narración de los libros. El código Da Vinci es un libro que es esclavo tanto de su género como de sus circunstancias: tiene conversaciones constantes entre los personajes, los acontecimientos son trepidantes y muy concentrados en su descripción, apenas hay introspección en los protagonistas, se muestran a través de sus relaciones con otros; y hay numerosas descripciones de acción. Estos son aspectos que recuerdan a los guiones mencionados con anterioridad. Son novelas que al leerlas te da la sensación de estar viendo una película escrita. Es cierto que esta no es norma general, pero es evidente que la influencia del cine en esta literatura es más que plausible. Evidentemente, esto no tiene por qué ser malo, todo dependerá de la maestría del autor (en este caso, Dan Brown no es el mejor ejemplo).

Fotograma de La librería de Isabel Coixet – © A Contracorriente Films

Por tanto, son disciplinas que no son herméticas, se influencian. Cómo no, tienen unas diferencias muy marcadas que les consagran como dos artes distintas dentro de la misma finalidad. Incluso si el cine está basado en alguna novela, no funcionan de la misma manera: un guion adaptado tiene como germen un texto escrito con anterioridad, pero por muy fiel que sea al libro, no comparten el formato. La literatura tiene el texto como el fin en sí mismo, no se espera nada más de ella. En la gran mayoría de casos, un libro adulto no tiene ni ilustraciones, por lo que su única forma de transmitir el mensaje es con las palabras escritas. Sin embargo, una película usa a la literatura como medio, es decir, como instrumento para llegar a un fin diferente, que en este caso sería el contar historias a través del solapamiento de imagen y sonido. Esta es la principal diferencia, y hace que comparar una película con un libro sea imposible porque no se puede establecer unas variables evaluables iguales en los dos formatos.

Pablo Échart, profesor de guion de la Universidad de Navarra, lo explica citando a José Luis Sánchez Noriega en una review de su libro De la literatura al cine. Teoría y análisis de la adaptación: “Según Sánchez Noriega, debe evitarse la tentación espontánea de comparar el original y el filme, y debe juzgarse a cada uno de ellos en relación con textos de sus mismos lenguajes (la novela con otras novelas, el filme con otros filmes) y según los parámetros críticos asociados a cada lenguaje. De esta manera, una adaptación será buena cuando guarde un equilibrio estético con el original [y cuando] la visión del director/guionista [coincida] con la interpretación estándar realizada por los lectores del texto originario“.

Por acabar con un ejemplo, veremos la diferencia del narrador del cine y de la literatura. En las novelas el narrador es la pieza principal en el discurrir de la acción: es el que va mostrando y describiendo todo lo que pasa. Sin él no se avanza. Sin embargo, en las películas se suele dejar que los personajes y las imágenes se expliquen por sí mismas, por lo que un narrador no suele ser habitual. No puede ser comparado porque no atiende al mismo formato ni realiza la misma función. El el caso de que el narrador haga una aparición en una película, tiene que estar adaptado a la narración cinematográfica, no tiene que ser una emulación de un narrador literario. Así pues, un narrador bien adaptado sería el de Mudbound (Dee Rees, Netflix 2017), que tiene una voz múltiple (de varios personajes) y no cuenta acontecimientos, sino que aporta una voz intemporal en la evolución de cada uno de los personajes que habla con la voz narrativa. Por el contrario, un narrador monótono, descriptivo y sin ninguna adaptación al formato es algo que no encaja con el lenguaje cinematográfico. Es el caso de La librería, de Isabel Coixet. El libro y la película tienen un mismo elemento, pero como se presentan en distintas formas y con distintas funciones, no pueden ser comparables. Es esa buena adaptación al formato de cada disciplina la que debe ser valorada.

Todos sabemos que te has leído El señor de los anillos pero, por favor, deja de decir que los libros son mejores que las películas – Vía cinescopia.com

Si en el siglo XIX las novelas eran las que sostenían ese relato y en el siglo XX fue el cine el que eclosionó con sus narraciones, en el siglo XXI están siendo las series de televisión y los videojuegos“. Así comienza el primer post del blog Días de vino y podcasts de ElPaís. Las formas del arte están en constante cambio. El mensaje puede ser el mismo, la finalidad puede asemejarse, la influencia de la literatura puede ser mayor o menor, pero el cambio es inminente. Ya no se lee lo que se leía antes porque no es el producto cultural en tendencia. Se ven más películas o se siguen más series. Pero no recibamos eso como una mala noticia, sino como una oportunidad para acercarse a la lectura, el formato de donde nacen muchas de estas obras en auge. Yo me leí El señor de los anillos después de verme las películas. Mi padre y mi hermana se leyeron Canción de hielo y fuego después de verse Juego de Tronos, y estoy seguro que cada uno se habrá acercado al libro en el que se basa su película o su serie favorita. Hemos visto que no se pueden comparar el cine y los libros porque no abarcan el mismo lenguaje ni se conciben en un mismo formato. Por tanto, en vez de mantener a la literatura en un pedestal inalcanzable con ese halo elitista e intelectual que se le da, que lo único que hace es alejarla, ¿por qué no llegar a acercarla por medio de otras vías?

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