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DE JOHN FANTE, DE ALQUITRÁN EN EL ALMA

 

Yo no vivo en un barrio marginal de Nueva York, con canchas de baloncesto, con enormes grafitis en las paredes de ladrillo. Tampoco vivo en L.A, el cine aquí deja bastante que desear, no patinan chicas en bikini por el paseo marítimo (tampoco hay paseo marítimo), ni hay un bulevar de las estrellas. De aquí no son los Guns´n Roses, ni se puede a Michael J. Fox comprando el pan. Aun así, en ocasiones vivo allí, en los años treinta, con un tal Bandini, un eterno perdedor que escribe novelas que nadie leerá. Un italoamericano con poca suerte, que a veces sueña con el éxito, que en otras se conforma con despertarse con una mujer al otro lado del colchón, que en la mayoría se resigna a vivir como todos esos años atrás.

Nadie le conocía, casi nadie le leía, pero ¡Cómo es la vida en ocasiones! Inventó un género literario, ¡Sin saberlo! El realismo sucio lo llaman. Básicamente, describir lo más directo y crudo posible historias mundanas en barrios humildes de cualquier gran ciudad del mundo, llenas de derrotas, héroes en declive, personajes de baja calaña, alcohol para desayunar y alquitrán en el alma. Algunos lo viven en directo cada mañana cuando suena el despertador. Algunos cuando lean estas líneas pensarán que su vida está en uno de esos libros, que alguien le ha estado espiando y lo ha plasmado en unas hojas y lo ha vendido por unos pocos euros.

John Fante sólo conoció la fama cuando otro escritor la consiguió, y promulgó su obra, idolatrándole hasta el final de sus días. Entonces, de repente, el viejo de Fante se convirtió en un gran escritor y sus novelas se propagaron como la peste, llevando a los hogares americanos desprecio a la sociedad en la que vivían.

Porque ocasiones lo de más calidad no está en las primeras estanterías de los grandes centros comerciales, ni recibe premios multitudinarios. Están fuera de todos esos estereotipos, fuera de esos círculos llenos de intereses y favores, de cheques enorme de cartón, de personas que se creen los dueños del mundo.

Tal vez haya mucha calidad también en los vertederos que nadie visita.

Rubén Ortiz Rodriguez

En ocasiones músico en Falconetti, en otras escritor. Espíritu endémico y Luciérnagas en la oscuridad. Inventando historias desde 1986.

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