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Del logos al mito: Metro 2033

Portada de 'Metro 2033', de Dmitry Glukhovsky | Foto vía Adrián Jiménez

Me encantan las leyendas urbanas. Me fascina la forma que tienen de resistirse a la realidad y adaptarse a ella, soportando todas las demostraciones de su falsedad. Da igual las veces que nos demuestren que Walt Disney no está congelado. En nuestra mente siempre se quedará ese “Pero, ¿y si…?”.

Metro 2033 es una novela basada en una leyenda urbana, aquella que dice que la red de metro de Moscú fue construida a una gran profundidad para poder funcionar como búnker ante un hipotético ataque nuclear. No sé si esta historia es cierta pero a Dmitry Glukhovsky, autor ruso, le sirvió para construir esta novela, que se publicó de forma online en 2002. En 2005 se lanzó definitivamente en papel y se convirtió en un best seller en Rusia y todo el mundo. Hay dos novelas más de la saga y también un par de videojuegos basados en el mundo de Metro 2033.

La premisa de la novela es sencilla. Una guerra nuclear (sí, otra) ha asolado el planeta. Huyendo de la radiación, algunos supervivientes se han establecido en la red de metro de Moscú, cuyas estaciones se han convertido en una suerte de ciudades–estado, que comercian y se disputan los escasos recursos que quedan. Y claro, hay mutantes.

Parece una idea sencilla, pero el autor la lleva a un nivel bastante más complejo de lo que podríamos creer. Glukhovsky nos introduce con su prosa en un mundo atmosférico, desesperanzador, tremendamente oscuro y no solo por la falta de luz. Aunque esta última también es importante. Las primeras líneas del libro nos presentan a los personajes en medio de una vía de tren, haciendo guardia sin más luz que una hoguera. A unos pasos, solo hay oscuridad. Y a saber qué aguarda detrás.

Es difícil imaginarse una estación de metro de Moscú como un lugar donde vivir. En la foto, una estación del metro de la capital rusa. | Foto vía wikimedia commons
Es difícil imaginarse una estación de metro de Moscú como un lugar donde vivir | Foto vía wikimedia commons

Acompañaremos a Artyom, nuestro protagonista, por la red de metro, un metro claustrofóbico y asfixiante, que hará que mires las estaciones con otros ojos cuando te toque a ti tomar un metro. El mundo creado por Glukhovsky es tremendamente hostil; los humanos están viviendo en un lugar en el que no son bienvenidos. Pero se esfuerzan por colonizarlo, algunos con más éxito, otros con menos.

[Spoilers a partir de aquí] Sin embargo, los mejores pasajes son sin duda aquellos que se localizan en la superficie. Si el mundo bajo tierra es hostil, por encima es totalmente impracticable. Los nuevos habitantes de nuestro mundo han convertido nuestra civilización en un lugar que apenas reconocemos, y en el que correr para volver al metro, a casa, es la única opción de salir con vida. Si en general Metro 2033 destaca por tener un ritmo veloz, las partes de la superficie no dejan respiro al lector.

Entre sus personajes, nos encontramos con un protagonista bien construido, algo que se agradece, con sólidos principios morales y resuelto a cumplir con la misión que se le ha encomendado. Los secundarios tampoco decepcionan al lector, y funcionan como un gran abanico que aporta matices y colores a aquel mundo en el que nos sumerge Glukhovsky. La pega: en este metro apenas existen los personajes femeninos. Un gran fallo que resta veracidad y visibilidad a una novela a la que le habrían venido muy bien un par de mujeres caminando por las vías para contrarrestar tanto desfile de testosterona.

En la foto, un mapa del metro de Moscú | Foto vía wikimedia commons
Un mapa del laberíntico metro de Moscú | Foto vía wikimedia commons

Otra característica que me pareció muy curiosa de la novela es cómo deja muchas preguntas en el aire. Normalmente, una historia tiende a cerrar aquellas puertas que abre. Nos cuenta lo que es cierto y lo que no. Pero Metro 2033 está lleno de mitología y de historias que nunca sabremos si son ciertas o no. Nos da las suficientes pistas para que veamos el títere pero nunca hallaremos la mano que lo sujeta. Somos nosotros los que tenemos que rellenar estos vacíos, decidiendo si nos dejamos llevar por el pensamiento mitológico de este mundo o imponemos la voz de la razón del nuestro. Esta forma de narrar es excelente para meternos de lleno en la concepción del mundo que tienen los personajes del libro.[Fin de spoilers]

Creo que las leyendas urbanas son un vínculo importante con un pasado que ya casi hemos olvidado. Aquel en el que las historias no eran entretenimiento, sino realidad. Cuando, si te descuidabas, el lobo de verdad te podía comer, y los dioses intervenían en la vida de las personas. Glukhovsky consigue en Metro 2033 llevar a los seres humanos de vuelta a esa mentalidad, creando un mundo apocalíptico en el que nuestra especie ha regresado a esa concepción mítica del mundo, en el que la superstición y la magia son de verdad. Y es capaz de transmitir al lector a esa forma de ver el mundo mediante su prosa.

En el metro, aquellos que aún recuerdan la civilización como hoy la conocemos luchan por que la razón vuelva a dirigir la vida de la gente. Pero es inútil. El mito es demasiado atrayente, demasiado sencillo. Y aquí los lobos sí que te pueden comer.

Adrián Jiménez
Estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual e intento convencerme de que me servirá para algo. Veo, escucho, escribo y trato de entender.

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