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Bienvenida a casa | Videopoema Mariposas Caníbales

Un puñado de colores quedaron esparcidos por la mesa.
Era media tarde y un pequeño rayo de sol iluminó el cuarto.
«Hoy va a ser un día bonito» pensó la conciencia. Y empezó el juego.
Mezcló todo aquello que tenía, de tal forma que no obtuvo ninguna.
La paciencia se hizo hueco en aquel baile y siguió desordenando.
Los colores se juntaban deprisa, de fondo se escuchaba un piano,

«menuda magia estás creando, pequeña » y se tocaba la tripa.
«Venga, que ya estás llegando» y un lloro de alegría.
Se formó un huracán de colores en el cuarto «ríe como si fuese el fin del mundo, llora como si acabase de empezar»
«El miedo nos hace valientes y prudentes, no lo olvides »
Millones de mensajes llegaban a su mente.
Tenía energía para saltar cien charcos.
Llovía. Llovía tanto que lloró de la risa. Se empapó el pelo y mojó con él todas las flores de camino a casa.
Echó raíces en el suelo de su cuarto.
Aprendió a escribir tan rápido como pudo, contaba los escalones de bajada con sus botas de agua. Le faltaban dos dientes y era la niña más bonita de toda la ciudad.
Competía con los edificios más altos.
Creció tanto que nadie se dio cuenta. Olvidó que los rayos de sol de su cuarto la transformaban en ultravioleta. Que podía volar a la velocidad de la luz, que era tan fuerte como mil titanes.
Empezó a caminar con los pies en la tierra, como si fuese normal, sentía el peso de su cuerpo en las aceras, llevaba su vida a cuestas.
Volvía a casa sonriendo para sus adentros, aprendió a llorar de pena. Creció de tal forma que se asustó. A veces se descubría y no era ella.
Y un día se armó de valor y cerró las puertas. Comenzó a girar… a girar… a girar, hasta caer en la cama de un salto de vida y romper a reír. Del susto que se dio el mundo se paró de golpe. Fue una milésima de segundo en la que sonaron todas sus melodías favoritas al unísono, se compusieron mil poemas, se besaron tantas bocas como le dio tiempo a observar y una mariposa, en cualquier parte, volvió a ser capullo solo por gusto y no por necesidad.
Fue una explosión de sentidos, gritó y lloró tan alto que se desnudó de miedos. Se abrió el pecho y se descubrió intacta. Empezó a tocarse cada parte, las piernas, los manos, las rodillas. Un intenso hormigueo recorrió sus dedos, bailó su canción favorita descalza en la cama y lloró.

Ahora todo tenía sentido.

Se miró y vio su cuerpo bañado en colores, vivos.

Todos vivos

y ella, pequeña mortal,

capaz de hacer bailar al mundo

con un silbido.

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