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‘La La Land’, ¿el resurgir definitivo del musical?

Damien Chazelle, el joven director que ya sorprendiera a propios y extraños con Whiplash en 2014, vuelve a hacerlo con ‘La La Land’ (La Ciudad De Las Estrellas). El musical, coprotagonizado por Emma Stone y Ryan Gosling, ha enamorado a crítica y público, pero ¿es tan bueno como dicen?

El que escribe estas líneas no es un gran seguidor del género musical. Podría decirse que, a pesar de mi gran interés por todo tipo de cine, el musical es un tipo de películas con las que siempre me ha costado un poco tragar. Me refiero a películas como ‘High School Musical’, en las que los personajes, sin ton ni son, se suben a las mesas a bailar lo que les echen. Por supuesto, no me refiero a otras como ‘Fama’ (Alan Parker), ‘Flashdance’ (Adrian Lyne) o ‘Cantando Bajo La Lluvia’, protagonizada ésta última por Gene Kelly y codirigida junto a Stanley Donen y Mateo Sassoni.

Pero, claro, todo lo añejo siempre tiene mejor sabor, ¿no? Precisamente, la nostalgia por el buen cine es lo que juega a favor de ‘La La Land’. Damien Chazelle juega con esa nostalgia, invitando al espectador a zambullirse en ella desde el minuto uno. No se puede decir que no le falten cualidades a este director tras las cámaras. Si no lo hubiera hecho ya dirigiendo a un genial J.K. Simmons en su anterior ‘Whiplash’ (y al que recupera aquí, pero en un papel totalmente secundario) diríamos que nos sorprende lo que un director tan joven puede llegar a extraer de ciertos actores.

Aunque, por supuesto, no ha contado con un mal reparto que digamos. Emma Stone está sobresaliente y Ryan Gosling ralla un buen nivel, logrando los dos un buen equilibrio y, lo más importante, consiguiendo una buena química entre sus personajes y aportando credibilidad a la historia. No obstante, recordemos que estamos ante un musical “al uso”, que se mueve como pez en el agua entre lo real y lo onírico, entre el set cinematográfico y el escenario teatral.

Otro que, como el genial Simmons, repite con el joven director, es el compositor Justin Hurwitz. Con él, Damien Chazelle vuelve a traernos (aunque de una forma mucho más amable, sin críticas de por medio) una buena ración de jazz. Quizá, como homenaje o guiño a su anterior trabajo. O, tal vez, simplemente porque le gusta y quiere dejarlo bien claro. En cualquier caso, la inclusión del jazz en el filme y, sobre todo, el modo en el que este género musical es tratado, es un bonito y sentido homenaje al propio jazz.

La banda sonora de Hurwitz, en la que no sólo hay piezas de jazz, fue una grata sorpresa. Puedo decir sin miedo a retractarme que me pareció fantástica. Incluso he vuelto a reproducir ciertas piezas que no podía permitir que se quedaran revoloteando como un eco sin respuesta en mi cabeza. El premio ha sido un Globo de Oro. Y, a falta de algo más destacable, podría estar rozando el Oscar.

En cualquier caso, e independientemente de premios, lo mejor de ‘La La Land’ es ese binomio formado por música e imagen. La película rezuma ese gusto por el buen hacer por los cuatro costados. Quiere dejarse querer. Hace notar que se le ha puesto todo el cariño posible para homenajear a los grandes clásicos. Más o menos desde el estreno de ‘The Artist’ (Michel Hazanavicius, 2011) eso es algo que viene gustando mucho en Hollywood. Y, si gusta, es porque la taquilla responde de buen grado.

Estamos ante una película preciosa y deliciosa en lo visual y en lo sonoro, con unas localizaciones excelentemente escogidas, una gran dirección de actores, una fotografía que muestra con gusto la esencia del buen cine del Hollywood de aquellos años 50 a los que rinde tributo, y todo con una pizca notable de recursos modernos, propios del cine de nuestra época. Así, se ha conseguido más de una escena que puede acabar resultando histórica para el cine de este género, como el bailecito a ritmo de claqué de la pareja protagonista con ese atardecer violáceo de fondo. Sin duda alguna, la mejor imagen para ilustrar el cartel del musical.

Por supuesto, nada de esto habría sido soportado para un ser gris como yo, sin pasión por los musicales, de no ser por un buen montaje y una dirección bien ajustada. La película se divide en 4 actos, titulados según cada estación del año, dándonos una ligera indicación de cuanto queda para que acabe el metraje. Y eso es una gran ayuda, porque la película, en ocasiones, se vuelve un tanto lenta y pesada, aunque consigue que retomemos el interés en ella gracias a las magníficas interpretaciones (gracias a Emma Stone, principalmente) y a la música que, de repente, comienza a sonar y nos rescata de la butaca. Una música que, incluso, consigue hacérnoslo pasar bastante bien.

Al final, Damien Chazelle consigue lo que quiere: que vayamos al cine a ver cine. Así de simple. Y que, al salir, nos interese un poquito más el jazz, tarareemos la dichosa melodía instrumental principal o nos atrevamos a darle un poco de inglés a nuestras voces con ese bohemio ‘city of stars, are you shining just for me?. Hasta yo mismo me he sorprendido queriendo imitar (de forma burda y totalmente chabacana, eso sí) el baile de los protagonistas.

En definitiva, si eres amante del buen cine, o simplemente del cine, no puedes dejar de ver ‘La La Land. Es la típica película que se disfruta mejor en una sala oscura y en pantalla grande. Si puede ser en los añejos cines de una gran ciudad, como Madrid o Barcelona, pues mejor. Ya que estamos de homenajes, habrá que meterse en situación e ir a un cine con verdadera historia detrás.

Lo único malo que se le puede achacar a ‘La La Land’ es el desarrollo del argumento que, de tan clásico, no nos dará ni una sola sorpresa. Al menos, ninguna más allá de un giro final que nos sumerge de lleno en lo onírico para traernos una secuencia de escenas exquisitas que le darán todo el sentido al hecho de haber pagado una entrada. Pero, si tenemos esto en cuenta y el hecho de que no debemos ir con unas grandes expectativas sólo por su éxito en los Globos de Oro, podremos disfrutar de 2 horas de buen hacer cinematográfico. Incluso siendo seres grises sin un gusto especial por los musicales.