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Amor propio | Microcuento#5

Nunca tuve amor propio, siempre fue más tuyo que mío.

Y no debería ser así.

Nunca debí dejar lo propio en manos ajenas si desde un principio no tenían intención de cuidar(lo)

¿Habéis notado alguna vez como algo de aquí dentro se va, y como no podéis hacer nada para impedirlo?

Ahí el amor propio se convierte en  solo amor. Y aunque sea una maldita palabra de diferencia, lo cambia todo.

Esa persona os acaba de meter mano en el corazón y no os habéis dado cuenta.

Desde entonces, camino precavida.

Con miedo.

Sin poder confiar en nadie.

Quiero regalar mi confianza a quien se la gana, pero aun con esas, el miedo siempre acaba llamando a mi puerta.

La gran putada, y perdón por la palabra, ¿sabéis cuál es? Que ya no volverá a ser el mismo amor propio desde el principio, sino que será de segunda mano, manchado de orgullo.

Y lo peor es que ya siempre será así.

Marcará un antes y un después  en vuestra vida aunque no queráis o no os deis cuenta.

Maltratamos al amor pensando más en cómo querer al resto más que a nosotros mismos.

Tenemos esa maldita manía.

Anteponer y no ponernos ante.

Y lo curioso, es que cuando volvemos a formar la misma pieza que éramos al principio, solo pensamos en la otra pieza que estaba al lado de nosotros . Pero si siempre hemos sido una pieza, por qué nos empeñamos en echar de menos lo que nunca fue ni será nuestro.

Desde entonces,

me limpié el corazón y pensé en lo único que sabía que siempre iba a tener conmigo:

yo.

 

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24. Desde que supe que escribir era la forma más bonita de doler, no he parado de sangrar. Madriz.

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