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El fuego a través de los ojos de Oriana Fallaci

En la puerta de aquel chalet del Upper East Side de Manhattan frenaba el paso un post-it que leía Go away(Márchese). Dentro residía una mujer recién entrada en vejez que aún conservaba atisbos de su juventud -como su eyeliner de los años 50 y 60-, y su alienígena. Así era como Oriana llamaba a su cáncer de pulmón. Era alguna de su compañía desde que decidiera que su encierro fuera hermético después de volver de la Guerra del Golfo en el 91, su última experiencia como corresponsal de guerra. Se aisló porque adoraba la privacidad, odiaba que entraran en su vulnerabilidad -fue una de las mejores entrevistadoras de la Historia, pero detestaba que la entrevistaran-, solamente pensaba en trabajar y terminar una novela en la que invirtió diez años sólo en investigación y porque así se protegía del hervor con el que la opinión pública amaba y odiaba su vehemencia.

Casi dos décadas después, con 73 años, Oriana Fallaci rompió su autoimpuesto silencio. Una mañana de 2001, Oriana presenció una muerte lenta y silenciosa que no se parecía a la que testimonió en Vietnam y Tlatelolco. Escuchó desde su apartamento sonidos que se asemejaban a su familiar guerra y al encender el televisor vio un avión estrellarse contra la torre gemela que no estaba en llamas. Furiosa, escribió. No contra Al Qaeda o Bush, sino contra aquellos jubilosos que consideraban que Norteamérica merecía tal tragedia.

La rabia y el orgullo frente a Eurabia

Con ese texto, “La rabia y el orgullo”, de cuatro caras con el que regresó a la esfera pública a través del Corriere della Sera y múltiples diarios del mundo que publicaron su artículo, hizo un llamamiento a la reflexión y advirtió de que Eurabia -no Europa- estaba en una guerra de religiones. Era preciso que no se celebrara ese atentado, porque no era contra George Bush, sino contra Occidente. Llamaba a abrir los ojos para ver el islam como enemigo. Incorrecta generalización, pero no apuntaba a tal religión -de naturaleza moderada y pacífica- como una generalización infundada, sino como raíz y origen del yihadismo.

Oriana Fallaci entrevistando al Ayatolá Jomeini

Su enfrentamiento al islam en pos del feminismo se remonta a la época más convulsa de su carrera, durante los años 70, en la que una madura y frenética Oriana de 50 años un día estaba en Nueva York, al siguiente cubría un conflicto en Pakistán y al siguiente entrevistaba a Muamar el Gadafi. Reflexiva, de su experiencia Oriana concluyó que la calidad de una entrevista depende siempre del entrevistado. “Si se hace una pregunta brillante a alguien mediocre, este responderá algo mediocre. No obstante, una persona brillante, siempre responderá algo brillante”, sostenía. Una de las entrevistas más sonadas e intensas de la periodista italiana fue la que hizo al entonces Líder Supremo de Irán tras la revolución, el Ayatolá Jomeini, en septiembre de 1979, con su tono entrometido y desafiante. Este es un pequeño fragmento de la entrevista:

OF: Aún tengo que preguntarle muchas cosas. Sobre el chador, por ejemplo, que me han obligado a ponerme para entrevistarle, y el cual se impone a las mujeres iraníes… No sólo me refiero a la prenda de vestir, sino a lo que representa: el apartheid al que las mujeres iraníes han sido forzadas después de la revolución. No pueden estudiar en la universidad con hombres, no pueden trabajar con hombres, no pueden nadar en el mar o en la piscina con hombres. Tienen que hacer todo por separado, llevando el chador. Por cierto, ¿cómo se nada llevando el chador?

AJ: Nada de esto te concierne, nuestras prendas de vestir no te conciernen. Si no te gusta el vestido islámico no estás obligada a llevarlo, ya que es sólo para mujeres jóvenes y señoras respetables.

OF: Muy amable por su parte, Imam. Ya que lo dice, voy a quitarme inmediatamente este estúpido trapo medieval. Aquí tiene.

Ella, rabiosa y ceñuda, sostenía aún en la mano su gigante grabadora, clavaba su mirada en Jomeini y su cabello castaño estaba expuesto. Él, que no aceptaba estar en presencia de una mujer con la cabeza descubierta, salió de la habitación.

Guerrera

No nació con esa rabia que le permitió, no sólo sobrevivir, sino distinguirse en el mundo de la guerra y de los hombres. Era una niña inteligente con capacidades destacadas, pero de familia de baja clase social marcada por la depresión económica de los 30, y de la izquierda antifascista en tiempos de Mussolini. Al entrar al colegio se dio cuenta de que, pese a su talento, tenía menos oportunidades que sus compañeros ricos. Para corregir esa injusticia, que convirtió su carácter apacible en fiero, estudió y trabajó afanosamente. Oprimida desde entonces y por la influencia ideológica de su familia, no creyó jamás en ningún tipo de poder político.

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Oriana Fallaci durante la Guerra de Vietnam

Su padre, Edoardo Fallaci, era albañil de oficio y, además, partisano antifascista. Cuando Oriana tenía 10 años, el ejército nazi invadió Polonia y Mussolini ya había promovido políticas racistas antisemitas y expansionistas. Ella, una niña cuya mirada reflejaba una incipiente furia, participó en la resistencia clandestina al nazismo en Florencia. Su nombre de batalla era Emilia y su función, transporte de municiones.

Escondida detrás del post-it, la mirada desesperada de una Oriana sin fuerzas en 2006 sentía el dolor de la pérdida de un niño que nunca nació y de la muerte de Alexandros Panagoulis, hombre de cuya compañía solamente pudo disfrutar tres años. No obstante, su mirada se remontó aún más atrás y cuando supo que su enfermedad era más fuerte que ella, quiso volver allí, a Florencia, a la Torre Mannelli a la que se agazapaba llevando bombas de mano escondidas en cestas de ensalada a partisanos adultos. Quiso escuchar el sonido de la guerra, su guerra, y descansar.

«Vosotros, los que surjáis del diluvio en el que nosotros nos hundimos, pensad cuando habléis de nuestras debilidades, también en los tiempos sombríos de que os habéis librado, pensad en nosotros con indulgencia.» Fragmento de un poema de Bertolt Brecht.

 

Victoria De Julián
Estudio Periodismo y Filosofía en la UNAV. Busco oportunidades de ser mejor, crear y aprender haciendo. :D

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