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He visto a Bayona, pero no al monstruo

La dureza de la madurez | Vía Europa Press

La tendencia en cuanto al cine español ha cambiado radicalmente. Se ha pasado de apalear cualquier producción, a ensalzarlas como las mejores películas del año. Y ciertamente, el cine español ha conseguido hacerse un hueco entre las grandes producciones, gracias a su incremento cualitativo. Ahora bien, hay ocasiones, en las que esto se sale de todo control. Hablo de Un monstruo viene a verme.

El pasado domingo, acudí al cine -por fin- para poder ver la tercera película de J.A. Bayona. No acudía con grandes aspiraciones sobre esta cinta, porque ya se sabe que, poseer una gran expectativa, puede sabotear la mejor de las películas. Y una vez vista pensé sinceramente en si los espectadores que han acudido al cine, piensan que esta obra es lo que reflejan las críticas. También, deben partir de la base de que tuve que verla en su versión doblada al español, de las cuales no soy, y que en este caso, le hace un flaco favor. Por cierto, aquí comienzan los tan conocidos spoilers.

Aún trato de comprender cómo Patrick Ness, quien participó en gran parte en la escritura del libro, pudo hacer semejante guión. El padre de Connor O’Malley, vive en Estados Unidos, y lleva varios meses sin ver a su hijo -y viceversa-. Sin embargo, cuando se encuentran juntos tras todo ese tiempo, no son capaces ni de darse un abrazo. Por otra parte, el protagonista recibe en dos ocasiones, la noticia de que la muerte de su madre está próxima, sin mostrar reacción alguna. Además de otros detalles “pedantes”, como son algunas partes de los diálogos que califico de irrisorias, primeros planos que parecen que en algún momento pueden chocarse con el propio actor, etc.

El problema llega cuando el mismo guionista, que conoce el libro, obvia elementos de la historia original que, podrían otorgarle fácilmente más profundidad a la historia, y hacer que su desarrollo fuera mucho menos trabado.

Aún así, es innegable que los efectos de sonido y los visuales pasan el corte de forma sobrada, añadiendo unos últimos quince minutos donde J.A. Bayona sabe tocarnos la fibra, y Patrick Ness consigue dar un final distinto al original, que sorprende y encaja a la perfección al mismo tiempo. Y quizá todo se resuma a eso.

Pese a que salí indignado de la sala, tras comentar y recordar ciertas escenas de la película, no se puede considerar una mala obra a esta película. Porque tiene esos detalles, que hacen que no te vayas de vacío del cine. Aún así, salí del cine viendo el estilo de J.A. Bayona, pero me fui sin ver aquel monstruo del que tan buenas palabras se han pronunciado.

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