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Con Scott, murió Jeff

A sus 30 años, los ojos le brillaban de juventud. Al comienzo de ese año 1997 se había mudado a Memphis, Tennessee para trabajar en un nuevo disco después de una gira de casi dos años. Estados Unidos, Australia, el Festival de Glastonbury de Inglaterra o el Olympia de Edith Piaf en Francia. Alargó el álbum Grace para no dejar de cantar y para evitar las inevitables confrontaciones con su compañía discográfica. Keith Foti, reclutado en la misión de crear My Sweetheart The Drunk, lo acompañó ese día gris a nadar en el río.

Al puerto del río Wolf, afluente del Mississippi, Scott y Keith llevaron una radio para disfrutar de la música. Sonaba “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin. El padrastro de Scott, Ron Moorhead, lo adoctrinó de niño al ritmo de este grupo, que luego se convertiría en una de sus bandas favoritas. Esos ritmos punk-rock influyeron junto al piano que tocaba su madre, Mary Guibert, y los genes que le transmitió su padre biológico, Tim Buckley -rockero de voz prodigiosa y muerte prematura- en crear su talento, técnica y pasión. Ello convergió con el descubrimiento que hizo con 5 años en el armario de su abuela: vio una guitarra.

En su infancia no tuvo una residencia estable por mucho tiempo. Su madre adoraba viajar y descubrir nuevos lugares y no pudo forjar vínculos intensos con sus compañeros de colegio. Durante su solitaria niñez murió su padre. Con ocho años, no fue invitado al funeral de Tim Buckley, quien lo dejó cuando tenía seis meses y solamente conoció durante nueve días en las vacaciones de pascua previas a su fallecimiento. Poco más tarde descubrió en un certificado de nacimiento que se llamaba Jeff Scott Buckley y cambió su nombre de Scott Moorhead a Jeff Buckley.

“No odio a mi padre. Él simplemente decidió no ejercer de padre. Lo admiro en muchos aspectos. Y también me avergüenzan muchas cosas que hizo. Pero admiro lo que hacía. Lo respeto porque era un artista, como yo. No porque fuese mi padre. Él no fue mi padre. Mi padre fue Ron Moorhead.” Declaró sobre Tim Buckley.

Scott y Keith también trajeron al río Wolf una guitarra. Instrumento para crear música, lo cual, según Jeff, viene de dentro y de fuera. Del misterio que todos albergamos, y de algo más simple, las influencias musicales que uno escucha. Jeff armonizaba delicadamente ambos elementos con la guitarra Gibson Les Paul negra que le regalaron con trece años. Así hizo durante tres años para crear Grace. Tardaba en componer lo mismo que en hablar sobre temas importantes. Era un poeta y, como tal, sus palabras eran un instrumento elegido pulcramente. Su serenidad al hablar contrastaba con su sentido del humor impulsivo, a veces perspicaz, irónico y ocurrente, a veces payaso y gamberro. Sólo alguien inteligente puede permitirse hacer el tonto.

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Jeff Buckley tocando una Fender Telecaster | Foto vía William Hames

Las palabras estaban al servicio de su sentimiento. Igual que la melodía, el sonido, y su voz. Porque su voz era tan completa y versátil que podía usarla como un instrumento más a su antojo. Él decía que la voz era la esencia de una persona y que con ella es imposible mentir. Con ella y su guitarra eléctrica, en un escenario, estático, con los ojos cerrados y empapado en sudor, se desnudaba y entraba en un estado de ingravidez. Incomodaba por su sonido y por el hecho de ver a alguien mostrar toda su intimidad. Como pillar a alguien haciendo algo privado, en su tiempo y espacio sagrado y solitario y saber que uno no debería estar viéndolo.

Definir a Jeff Buckley en un registro musical es imposible. Él era su registro y cambiaba con la frecuencia con la que cambiaban sus canciones según lo que quería su voz que dijeran sus palabras. Su registro abarcaba el rock, el punk, el heavy metal, el blues, el jazz, el R&B, el Reggae o el Folk. No cantaba un registro porque le gustara su sonido melódicamente, sino porque fuese un buen vehículo para transmitir lo que sentía.

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Scott solía cantar en pequeños cafés y bares del East Village de Manhattan para transformarse en Jeff y disfrutar de la escasez de público. En esa situación, contaba, “aprendía de su propia música, de sus sentimientos, se divertía irritando o entreteniendo a un público que no lo conocía y gozaba del lujo de equivocarse, arriesgar y rendirse”. Cuando su fama llenaba estadios, echó de menos sus actuaciones íntimas. Por ello, después de la larga gira de Grace, en diciembre de 1996 actuó en cafés y bares del noreste de Estados Unidos sin publicidad y bajo seudónimos falsos. Algunos de los alias usados en el llamado Phantom Solo Tour fueron Possessed by Elves, Father Demo, Smackrobiotic y The Halfspeeds.

Cinco meses después de su huida a la ingravidez de su intimidad, fue al río con Keith Foti. Este escuchaba cantar a Jeff “Whole Lotta Love” y lo veía de espaldas, divirtiéndose y tirándose al agua vestido. Keith, desde la orilla, le advirtió de que tuviera cuidado y no nadara muy lejos. Pasaba un barco remolcador junto a ellos, y Keith movió la radio y la guitarra hacia el interior de la orilla para evitar que fueran salpicadas. Levantó un fuerte oleaje. Cuando volvió la vista hacia su amigo, este no estaba. Esa noche tuvo lugar una búsqueda exhaustiva de Jeff Buckley, no obstante, fue suspendida por intensa lluvia. La semana siguiente, encontraron su cuerpo, pero no su vida ni su voz. Con Scott, murió Jeff. Y con ellos, el instrumento imprescindible para hacer sonar su música se hundió en el fondo del Mississippi, a la altura de Beale Street, la calle donde nació la cultura musical del blues.

Victoria De Julián
Estudio Periodismo y Filosofía en la UNAV. Busco oportunidades de ser mejor, crear y aprender haciendo. :D

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