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Amy Winehouse y los límites de su libertad

Amy Winehouse Before Frank Photoshoot | Foto vía Charles Moriarty

Russel Brand anunció entre los fervientes gritos del público que el premio que a continuación iba a ser otorgado había perdido importancia debido a la escasez de mujeres solistas. Dicha escasez fue mitigada cuando una imagen de Amy Winehouse recogiendo su BRIT Award en febrero de 2007 fue difundida en todos los televisores de Gran Bretaña. El reconocimiento alcanzado con ese galardón en particular llevó su arte a desde inspirar a Adele a escribir canciones, hasta ser el veneno que promovería la nulidad de su intimidad y libertad. 

Durante su infancia se recordaba a sí misma que cantase se sintiese triste o feliz.

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Amy Winehouse tocando una de sus primeras guitarras | Foto vía documental Amy: La chica detrás del nombre

Libertad que ella usó a su favor para alcanzar sus sueños: transmitir con la música el 100% de lo que tenía en la mente, darse a conocer por contribuir a la innovación en la música y conseguir que sus canciones conecten emocionalmente con la gente, como le pasaba a ella cuando escuchaba a Carole King. Esta fue una de los muchos artistas que influenciaron el estilo hip-hop jazz de Amy Winehouse. Algunos de ellos, numerosos y diversos, son Sarah Vaughan, Jimi Hendrix, Thelonious Monk, Dinah Washington o Frank Sinatra, quien da nombre a su primer disco (Frank) y cuyas canciones cantaba su padre cuando era pequeña.

Durante su infancia se recordaba a sí misma que cantase cuando se sintiese triste o feliz. Como desahogo y fuente de energía. Su relación con la música era única, así como sus razones para crear canciones -no había nada de lo que sonara entonces que le gustase escuchar- y su manera de componer. Partía de experiencias propias en su relación con sus seres queridos o, como decía ella, su relación consigo misma. Sino, decía, no sabría contar bien la historia. Escribía poemas y luego creaba el ritmo. Acordes menores o sostenidos que bailaban con sus sentimientos. Y, por último, pese a su afán por ser transparente en su música, solía añadir humor a sus letras. Una línea o dos de sarcasmo o absurdo que la hiciesen reír al escuchar una canción que en su día sólo le infundía pena.

Buscaba la libertad en la música, único lugar en el que se sentía cómoda expresando sus sentimientos, y en todos los campos de su vida. Rompía sus grilletes en sus intentos de crear una canción que fuese espejo de ella misma y en su decisión de fundar su propia Discográfica, Lioness Records -nombre que hace honor a su abuela Cynthia- en 2009, cuando editó el primer disco de su ahijada de 13 años, Dionne Bromfield. Veía a su pupila como su hermana mayor, pese a ser Dionne 12 años más joven, y dijo de ella que “cuando la escuchó cantar, no podía creer lo que oía y que Dionne era mucho mejor que ella a su edad”.

«Cuando escuché a Dionne por primera vez, no podía creer lo que oía. Ella es mucho mejor que yo a su edad.» Amy Winehouse

Amy no se ponía límites y no dejaba que otros se los pusieran. No lo hacía cuando cantaba en clase en su infancia y era enviada a la directora, ni cuando se puso un piercing en su adolescencia y fue expulsada del célebre Sylvia Young Theatre School. Tampoco cuando contó a su madre la forma que había descubierto con 14 años de comer lo que quisiese sin engordar. Así comenzó su bulimia. A lo que se sumaría su depresión diagnosticada a los 16 años. Tampoco vio un impedimento en que Blake tuviese novia para que, a la semana de conocerlo en el de Good Mixer de Camden en 2005, se tatuase su nombre en el pecho. Y por supuesto no quería que nada se interpusiese entre lo que podía sentir por Blake, lo que la movió a querer hacer lo que él hiciese para sentir lo que él sintiese. Sin límites.

Apuntó Mitch Winehouse, padre de Amy, en una entrevista para Vanity Fair que, si Blake hubiese sido paracaidista o senderista, hoy contaríamos una historia muy diferente. No obstante, la droga de Blake era la heroína. Por el contrario, Asif Kapadia, director del documental AMY: La chica detrás del nombre, opina que Amy buscaba a alguien más dañado que ella que le distrajera de sus propios problemas y si no hubiese acabado con Blake, habría sido con alguien similar.

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Perfil de la Amy diva del eyeliner alargado y el cardado pin-up | Foto vía Getty Images

En el año 2007, año del BRIT Award, del Mtv EMA, y del festival Coachella, también se casó con Blake, tras haber vivido una ruptura que inspiró el álbum Back To Black. Al año siguiente, este fue enviado a la cárcel, período en el que Amy tomó un respiro del bullicio, de la droga, de la fama, del ya repetitivo Back To Back y pasó un tiempo en la isla caribeña de Santa Lucía. Fue un tramo de luz que precedió a los altibajos de sus últimos tres años de vida. Años en los que intentó desintoxicarse, se divorció de Blake sufriendo depresión como consecuencia, compuso música para su tercer y último álbum, la editó en Lioness Records e incluso grabó una canción con su ídolo Tony Bennett.

Llegó a retomar contacto con sus amigas del colegio, estuvo mejor que nunca, al menos desde que le llegó la fama. También hundió la cabeza en lo más profundo del hoyo cuando retomó la bebida. Razón por la cual canceló su gira del verano de 2011 terminándola con una lamentable actuación en junio en Serbia. Un mes después, el 20 de julio de 2011, hizo su última aparición pública acompañando a su ahijada Dionne en el iTunes Festival. Tres días después, fue hallada muerta en su apartamento de Camden rodeada de tres botellas vacías de vodka. Su hermano, Alex Winehouse, declaró a The Guardian que lo que la mató fue su bulimia, que la debilitaba físicamente ante las drogas, el alcohol y otros muchos fantasmas. Esclava de sus vicios, de su carencia de autoestima, de su salud mental, de su falta de voluntad, de su rebeldía, de sus deseos de libertad. Recuerda, Amy, triste o feliz: canta.

Victoria De Julián
Estudio Periodismo y Filosofía en la UNAV. Busco oportunidades de ser mejor, crear y aprender haciendo. :D

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