Opinión

48 años sin el soñador

El 4 de abril de 1968, el gran defensor de la igualdad racial y los derechos civiles, el Premio Nobel de la Paz, el pastor de raza negra, Martin Luther King, era asesinado de un disparo en Memphis. Cuarenta y ocho años después recordamos su lucha por un mundo más justo e igualitario.

Martin Luther King tuvo un sueño (“I have a dream”) y ese sueño de un joven de 39 años se transformó en un espíritu de lucha por la libertad y la igualdad racial compartida por gran parte de la sociedad que cambió al mundo.

Hijo de un ministro baptista, Martin Luther King estudió teología en la Universidad de Boston. Desde joven tomó conciencia de la situación de segregación social y racial en que vivían los negros de su país, y en especial los de los estados sureños.

En agosto de 1955 una humilde modista negra, Rosa Parks, fue detenida y multada por sentarse en la sección reservada para blancos de un autobús; King dirigió un masivo boicot de más de un año contra la segregación en los autobuses municipales.

En 1960 aprovechó una sentada espontánea de estudiantes negros en Birmingham, Alabama, para iniciar una campaña de alcance nacional. En esta ocasión, Martin Luther King fue encarcelado y posteriormente liberado por la intercesión de John Fitgerald Kennedy, entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, pero logró para los negros la igualdad de acceso a las bibliotecas, los comedores y los estacionamientos.

Su acción no violenta, inspirada en el ejemplo de Gandhi, movilizó a una porción creciente de la comunidad afroamericana hasta culminar en el verano de 1963 en la histórica marcha sobre Washington, que congregó a 250.000 manifestantes.

La fama de Martin Luther King se extendió rápidamente por todo el país y enseguida asumió la dirección del movimiento pacifista estadounidense, primero a través de la Southern Cristian Leadership Conference y más tarde del Congress of Racial Equality. Asimismo, como miembro de la Asociación para el Progreso de la Gente de Color, abrió otro frente para lograr mejoras en sus condiciones de vida.

El momento más recordado de King fue cuando pronunció el discurso “Yo tengo un sueño”, el 28 de agosto de 1963, ante más de 250 mil personas concentradas frente al Licoln Memorial Park en Washington. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, tanto a negros como a blancos, les serían garantizados los inalienables derechos a la libertad.

Dream Speech
Martin Luther King ante miles de personas | Fuente: www.bet.com

En este sentido, King adaptó y desarrolló el concepto de Gandhi de la no violencia, que supo aplicar de forma creativa en una serie de campañas antisegregacionistas que le convirtieron en el líder más prestigioso del movimiento americano para los derechos civiles, le valieron la concesión, en 1964, del premio Nobel de la Paz y provocaron su asesinato a manos de un racista fanático, James Earl Ray, un vagabundo y criminal de poca monta, que fue capturado en Londres cuando intentaba huir con un pasaporte canadiense en 1968.

Tras su fallecimiento, el movimiento negro estadounidense emprendió un camino más abiertamente revolucionario y violento, alejado de la inspiración cristiana y liberal de King. Lejos de ser una batalla ganada, la lucha por los derechos civiles de las minorías en EE.UU. arrastra aún asignaturas pendientes y enfrenta nuevos desafíos tras más de medio siglo del famoso sueño que tuvo Martin Luther King.

Hoy en día, desgraciadamente la desigualdad entre población negro y blanca es patente en EE. UU. Los índices de desempleo muestran que los afroamericanos tienen más posibilidades de quedarse en paro, pues hay un 13,8 % de paro de la población negra frente al 8,1 % de la población blanca. Además, de los 40 millones de personas que viven bajo el umbral de pobreza, un 25,8 % es población negra (frente al 11,6 blanca).

A pesar de los grandes avances, comenzados por Martin Luther King hace más de 50 años, aún queda para alcanzar el sueño del gran líder afroamericano.

 

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